En el presente trabajo explicaremos un tema muy polémico y discutido como es la eutanasia. Primeramente daremos los conceptos más subyacentes sobre dicho tema.
Eutanasia es un término, que deriva de las voces griegas eu (buena) y thanatos (muerte). Es decir, hace alusión a un bien morir, lo cual, se entiende como una muerte fácil y sin dolores a un paciente que está próximo a morir por causa de una enfermedad terminal.
Pese a lo mencionado, en nuestro sistema jurídico, dicha práctica se halla tipificada por el Código Penal bajo la figura del homicidio (art. 79) o instigación al suicidio (art. 83).
Cabe destacar que, dependiendo de las voluntades en juego, la eutanasia puede clasificarse en voluntaria e involuntaria.
La eutanasia voluntaria es aquella en la que el paciente acepta que se le suspendan los tratamientos terapéuticos que le prolongan la vida y/o solicita que se le suministren medicamentos que le produzcan la muerte. Este tipo de eutanasia se caracteriza porque el paciente presta su consentimiento para la acción (suministrar fármacos) o la omisión (suspensión de tratamientos o desconexión de aparatos), cuyo resultado esperado es el fin de su vida.
Por otra parte, la eutanasia involuntaria es aquella en la cual el paciente no presta su consentimiento para la muerte. En ella el fin de la vida se produce ya sea sin el consentimiento del paciente o bien contra su voluntad. En estos casos se habla de dar una "muerte piadosa".
Ambas clases de eutanasia pueden, a su vez sub-clasificarse en directa e indirecta.
En el medio hispanohablante se califica a la eutanasia como directa o indirecta en cuanto existe o no la intención de provocar primariamente la muerte en las acciones que se realizan sobre el enfermo terminal.
La eutanasia directa se divide en dos formas, la activa y la pasiva, la primera consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado, recurriendo a substancias especiales mortíferas o a sobredosis de morfina. En cambio, en la eutanasia pasiva se deja de tratar una complicación, con lo cual se precipita el término de la vida; es una muerte por omisión. La eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la suspensión terapéutica y la abstención terapéutica ya que se considera que los tratamientos no prolongan el vivir, prolonga el morir. Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.
La eutanasia indirecta consiste en efectuar procedimientos terapéuticos que tienen como efecto secundario la muerte, por ejemplo la sobredosis de analgésicos, como es el caso de la morfina para calmar los dolores, cuyo efecto agregado, es la disminución de la conciencia y casi siempre una abreviación de la vida. Aquí la intención, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una consecuencia no deseada.
Un concepto relacionado con la eutanasia es el suicidio asistido, en el cual se le proporciona en forma intencional a una persona los medios o procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada.
De entre los numerosos casos que constituyen las posibilidades fácticas en las que se puede dar la eutanasia, particularmente, el caso que nos interesa tratar es el relativo a aquel paciente que se encuentra en estado vegetativo persistente irreversible y es mantenido con vida únicamente con la asistencia que le brindan ciertas maniobras tales como la ventilación mecánica, técnicas de circulación asistida, oxigenación extracorpórea, etc.
Se ha definido al estado vegetativo persistente como aquella situación caracterizada por la pérdida de crónica e irreversible de todas las funciones cognitivas. Se incluye en esta categoría cualquier grado de coma que no reúne todos los criterios de muerte cerebral, sin interacción con el medio (aún cuando pueda parecer despierto), sin evidencia clínica de actividad cortical, pudiendo haber respuestas reflejas, apertura ocular espontánea y ciclos de sueño vigilia.
Tanto el EVP (estado vegetativo persistente) como estado mínimamente consciente pueden ser agudos o crónicos, reversibles e irreversibles. Una serie de lesiones difusas en tálamo, neuronas corticales y sustancia blanca son las responsables de tales estados. Por medio de tomografías y pruebas de resonancia magnética, los neurólogos pueden ahora distinguir si las áreas de la corteza cerebral secundaria responden a los estímulos, o si lo hacen sólo las de la corteza cerebral primaria.
La duración del estado es decisiva para certificar una reversibilidad o irreversibilidad. Por lo general, estados vegetativos de más de un año y que han tenido por origen de la lesión un traumatismo se consideran irreversibles; al igual que los de 3 meses que hayan tenido por origen un infarto cerebral.
En estos casos no existen posibilidades terapéuticas, y solamente se mantiene al paciente con vida en forma artificial. Aquí, la persona no se encuentra en condiciones de tomar la decisión de interrumpir la aplicación de tales técnicas porque su estado de inconsciencia se lo impide.
lunes, 9 de junio de 2008
Introduccion
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